Rosarito
La trayectoria y aportación a Rosarito de Ernesto Calvillo Ureña
Nacido el 19 de octubre de 1948 en Mexicali, Baja California, Ernesto Calvillo Ureña realizó su educación básica en escuelas de su ciudad natal y cursó la preparatoria en una institución dependiente de la Universidad Autónoma de Baja California.
Su participación en la transformación de la Casa del Estudiante de Baja California
En 1968 se traslada a la Ciudad de México para ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Su llegada coincidió con uno de los momentos más importantes y complejos de la historia contemporánea del país: el movimiento estudiantil de 1968, “la matanza de Tlatelolco”.
Debido a la huelga, su primer semestre transcurrió en medio de ese movimiento y en 1969, con la reanudación de las clases, retomó formalmente sus estudios en la carrera de Filosofía.
En 1972 se llevaron a cabo las elecciones para integrar la mesa directiva de la residencia de estudiantes de Baja California en la Ciudad de México, siendo invitado a participar como secretario general en la planilla encabezada por Alberto Bravo como presidente, resultando su planilla ganadora.
Al asumir esta responsabilidad, se topó con precariedades importantes en la residencia de estudiantes. Existían carencias de camas, colchones, baños y otros servicios indispensables para los estudiantes.
Ante esta situación, buscó un acercamiento con las autoridades del Gobierno del Estado de Baja California, encabezado entonces por el gobernador Milton Castellanos.
Después de sostener diversas reuniones, tanto en la Ciudad de México como en Baja California, logró obtener el apoyo necesario para mejorar las condiciones de la residencia.
Gracias a estas gestiones se realizaron trabajos de mantenimiento y se obtuvo mobiliario, así como apoyo para la creación y fortalecimiento de una biblioteca y el abastecimiento de una despensa para beneficio de los estudiantes.
Con el propósito de contar con una atención más directa por parte del Gobierno del Estado, se estableció contacto permanente con el entonces diputado federal Héctor Lutteroth Camou.
La Casa del Estudiante de Baja California representó un espacio de gran importancia para los jóvenes bajacalifornianos que realizaban sus estudios profesionales en instituciones como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su existencia permitió que numerosos estudiantes pudieran continuar su formación académica lejos de su estado de origen y contribuyó al desarrollo profesional de varias generaciones de bajacalifornianos.
Durante esa etapa, tuvo la oportunidad de conocer y convivir con diversos estudiantes originarios de Rosarito, entre ellos Edmundo Lara “El Chamoy”, Prisciliano Padilla, Jaime Sánchez, Guillermo Salceda, Francisco Carrasco, Fernando “El Potrillo” Sánchez, hermano de Pedro Sánchez, Silvano Abarca y Óscar Ham, entre otros.
Mientras continuaba mi formación universitaria, en 1971 ingresé a laborar en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), dentro del Departamento de Auditoría a Empresas.
Posteriormente, durante 1973 y 1974, trabajé temporalmente en la Delegación de la UNESCO en México como analista de información e investigador de métodos audiovisuales aplicados a la educación.
Alrededor de 1975 me incorporé a la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el área de Filosofía, donde desarrolló de un programa de estudios para la Escuela Normal Superior en la materia de Filosofía.
Más adelante ingresé al Colegio de Bachilleres (COBACH) como maestro de Filosofía, Métodos de Investigación y Lógica, impartiendo clases a estudiantes de nivel medio superior.
Los primeros trabajos de análisis político
Paralelamente a su actividad académica y profesional, formó parte de un grupo de jóvenes bajacalifornianos provenientes de distintas disciplinas, entre ellas Ciencias Políticas, Filosofía y Derecho, que se dedicaban de manera independiente al análisis de la información difundida por los medios de comunicación.
Cada uno realizaba, por separado, la lectura y el análisis de periódicos y revistas.
Al darse cuenta que estaban investigando temas similares, decidieron reunirse y establecer un sistema común de análisis.
Recurrieron a diferentes herramientas teóricas, entre ellas, el método dialéctico, el marxismo y el estructuralismo, particularmente algunas propuestas de Nicos Poulantzas.
A partir de este trabajo desarrollaron un método de análisis político que los llevó a concluir que el siguiente presidente de México sería José López Portillo.
Utilizaron aquella conclusión como carta de presentación para buscar un acercamiento con integrantes del ámbito político nacional. En ese proceso, acudieron al entonces diputado federal Héctor Lutteroth Camou, quien apoyaba la candidatura de Mario Moya Palencia, entonces secretario de Gobernación.
Finalmente, fueron canalizados con Roberto de la Madrid, quien mantenía vínculos con José López Portillo y posteriormente les permitió conocerlo cuando era precandidato a la Presidencia de la República, alrededor de 1976.
La campaña presidencial y el regreso a Baja California
En 1976 participó en la campaña electoral presidencial de José López Portillo, en la campaña Voz e Imagen, cubriendo principalmente la región norte de México. Tal como su grupo de analistas lo había anticipado, López Portillo resultó electo presidente de México.
Esta experiencia le abrió las puertas para incorporarse al área de prensa de la Lotería Nacional, donde continuó desarrollando labores relacionadas con el análisis de información.
En 1977 regresó a Mexicali, Baja California, para incorporarse a la campaña electoral de Roberto de la Madrid por la gubernatura del estado.
Durante aquella campaña recorrió los municipios y poblaciones de Baja California, experiencia que le permitió conocer de cerca la realidad social, política y económica de prácticamente todo el estado.
Tras el inicio de su administración, en diciembre de 1977, colaboró en el área de prensa del Gobierno del Estado como analista de información.
Durante ese período, mantuvo contacto permanente con los principales medios de comunicación de Mexicali y Tijuana, así como con medios y periodistas de Tecate y Playas de Rosarito.
En 1983 contrajo matrimonio con Yolanda Ascencio. Posteriormente regresó al Colegio de Bachilleres como maestro de Filosofía y Métodos de Investigación.
En 1985, siendo ya padre de dos hijas, solicitó un cambio de residencia a Tijuana. Ahí retomó sus labores en el área de prensa del Gobierno del Estado como analista de información.
En 1989 colaboró en el Departamento de Prensa de la Secretaría de Turismo del Estado, nuevamente bajo la responsabilidad de Héctor Lutteroth. Esta etapa le permitió recorrer nuevamente Baja California y conocer de primera mano sus retos y oportunidades en materia turística.
Durante ese periodo conoció a Hugo Torres Chabert en diferentes reuniones relacionadas con la Secretaría de Turismo.
Asimismo, durante una exposición realizada en Ensenada presentó un plan de inversión de fondos mixtos destinado a promover los destinos turísticos de Baja California, iniciativa que contribuyó al desarrollo de lo que posteriormente se consolidaba como el sistema de fideicomisos para la promoción turística del estado.
Más adelante se separó del Gobierno del Estado para incorporarse como secretario particular de Héctor Lutteroth.
Vida periodística
Su interés por el periodismo surgió desde sus años como estudiante. En 1972 intentó formar un semanario y llegó a desarrollar el proyecto, incluyendo una propuesta de financiamiento.
Sin embargo, no logró reunir a los colaboradores necesarios y el proyecto no llegó a concretarse.
En 1975, Eduardo Tonella Escamilla fundó un periódico en la entonces Delegación Miguel Hidalgo, en el Distrito Federal. Durante la existencia de esa publicación colaboró con artículos de opinión.
Posteriormente, al regresar a Mexicali, continuó su actividad como colaborador en un semanario del Valle de Mexicali y publicó diversos artículos de opinión en otros medios locales.
Cuando se trasladó a Tijuana en 1985, colaboró como columnista en medios como El Heraldo, ABC y El Mexicano, publicando artículos de opinión, en ocasiones bajo seudónimo y en otras con su propia firma.
En 1989 recibió una invitación para trabajar como periodista de tiempo completo.
Finalmente, su incorporación formal a las filas del periodismo ocurrió en 1990, durante la fundación del Diario 29, donde trabajó también como encargado del diario en Tecate durante un año.
Posteriormente decidió renunciar para fundar su propio medio de comunicación en Tecate.
El proyecto fue concebido inicialmente con un esquema de autofinanciamiento para los primeros seis meses.
Sin embargo, la aceptación fue inmediata y, desde el primer mes, la venta de publicidad permitió que el Semanario Polémica se sostuviera sin necesidad de utilizar recursos personales. El proyecto continuó hasta septiembre de 1992.
El encuentro con Hugo Torres y su llegada a Rosarito
Una noche, mientras regresaba de Tecate a su domicilio en Tijuana, encontró un recado urgente de Hugo Torres, quien solicitaba reunirse con él lo antes posible.
Le devolvió la llamada y acordaron reunirse al día siguiente por la mañana.
Durante esa reunión, el señor Hugo Torres le hizo una propuesta para integrarse a su equipo como director del Semanario Ecos de Rosarito, un proyecto que decidió aceptar, iniciando desde septiembre de 1992.
En 1992 asume la dirección de Ecos de Rosarito
Al llegar a Rosarito identificó diversos problemas que afectaban directamente a la comunidad.
Uno de los más graves era la contaminación provocada por las chimeneas de la termoeléctrica, que diariamente emitían humo y afectaban principalmente la zona centro y norte de la población, con posibles consecuencias para la salud de los habitantes.
Por las tardes, además, el cambio en la dirección del viento provocaba que el humo procedente del basurero del Ejido Mazatlán cubriera parte del Cañón Rosarito.
Desde Ecos de Rosarito iniciaron una cobertura permanente de estas problemáticas con el propósito de visibilizarlas y contribuir a la búsqueda de soluciones a un importante asunto de salud pública.
Otra de las problemáticas que afectaban a la comunidad rosaritense era la incertidumbre sobre la propiedad y tenencia legal de la tierra. Existían antecedentes relacionados con decretos expropiatorios desde la década de 1970, así como nuevos intentos de afectación a principios de los años noventa, lo que mantenía a numerosas familias en una situación de vulnerabilidad respecto a su patrimonio.
Durante ese periodo se formó un comité para impulsar la regularización de la tenencia de la tierra y brindar certeza jurídica a los propietarios. Todo este proceso fue cubierto e impulsado desde las páginas de Ecos de Rosarito.
Además, a través del semanario trabajamos para generar conciencia sobre la necesidad de que Rosarito lograra su municipalización. Consideraba fundamental que la comunidad pudiera contar con sus propios recursos y administrarlos directamente para beneficio de sus habitantes.
La municipalización permitiría destinar recursos a la obra pública, administrar de manera directa los ingresos generados en la región y gestionar recursos estatales y federales para impulsar el desarrollo económico, cultural y social de la comunidad.
De esta manera, el periodismo y el análisis de los asuntos públicos se convirtieron en una parte fundamental de su trayectoria profesional, acompañando los principales procesos políticos, sociales y de desarrollo que vivieron Baja California, Tijuana, Tecate y, de manera muy especial, Playas de Rosarito.
