Rosarito
Recuerdan a sus seres queridos en el Día de Muertos
El panteón municipal se vistió de colorido con las ofrendas de flores que los rosaritenses llevaron a las tumbas de sus seres queridos con motivo del Día de Muertos los días 1 y 2 de noviembre.
Cientos de historias de fe se hicieron se escribieron nuevamente en las tumbas del panteón, pues según la tradición mexicana, ese día los muertos regresan temporalmente del más allá para convivir con sus seres queridos.
Entre tantas historias de fe y esperanza, resalta la vida del señor Candelario León, quien acudió a recordar a sus padres, a su hermano y a su hijo fallecido Alberto León. Este último fallecido hace 14 años a la edad de 24 años.
Desde hace 14 años, no hay dolor más grande para él que la pérdida de su hijo.
“A veces le digo a mi madre perdóname por no llorarte, pero siento mucho a mi hijo. A nadie lloré tanto como a mi hijo, él era un ángel para mí”, dijo entre lágrimas don Candelario.
Aunque la muerte de su madre, su padre y sus hermanos le han dolido mucho, considera que no hay dolor más grande para un padre que la pérdida de un hijo.
Han pasado 14 años de la muerte de su hijo y todavía no logra asimilarlo. Al mínimo recuerdo suelta en llanto que intenta esconder tras unas gafas oscuras.
De hecho, don Candelaria no espera que llegue el Día de Muertos para acudir a llorar a su hijo. Desde que falleció hace 14 años, visita su tumba con frecuencia.
Incluso el día de su sepelio, tardó llorándole días, meses y años, sin lograr a la fecha asimilar su partida.
“Él era beisbolista y lo invitaron a jugar a nivel mundial, pero prefirió seguir con su carrera de ingeniero. Acababa de terminar cuando falleció. Tenía como cuatro meses trabajando en una compañía y estaba muy ilusionado de salir adelante. Me había prometido llevarme con él a trabajar, pero solo supervisando la obra, como soy contratista, para ya no tener que trabajar tanto. También se había llevado a muchos familiares a trabajar con él. Era un buen hijo, sin vicios…”, comentó con la voz entrecortada don Candelario.
Como esta, muchas otras historias de amor y esperanza adornan las tumbas del panteón municipal en el Día de Muertos, considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
