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Rosarito

Falta vocación de servir en muchos empleados El sufrimiento para dar de alta a un paciente en el hospital del IMSS

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En medio del caos por el burocratismo y la sobresaturación en el Hospital Regional del IMSS número 1 de Tijuana, dar de alta a un paciente puede resultar en un verdadero sacrificio para los familiares y el enfermo mismo.

Así lo vivió Martha, esposa de un hombre que estuvo internado por más de una semana en el Hospital IMSS y a quien tuvo que sacar del lugar por voluntad propia, al ver que estaba prácticamente abandonado tras una cirugía de estómago que nadie le explicó.

“Le hicieron la cirugía y lo dejaron en camilla prácticamente abandonado. Nunca más volvió el cirujano que lo operó. Nunca le dijeron de qué lo operaron. Lo tenían en camilla con suero y se estaba poniendo mal de la diabetes, así que lo tuve que sacar voluntariamente porque no me decían nada sobre el seguimiento y su evolución médica”, comentó la denunciante.

Su esposo fue ingresado a urgencias por un intenso dolor en el estómago.

Tras los primeros estudios, le dijeron que era la vesícula.

Posteriormente le hicieron una tomografía donde resultó que el problema estaba en el colon.

Sin saber a ciencia cierta la afección, al cabo de una semana lo sometieron a cirugía abierta para revisar la parte donde le dolía.

Una vez que lo operaron, lo mandaron en camilla a cirugía ambulatoria donde prácticamente lo tuvieron abandonado, en una sala con hasta 13 pacientes, en una cama excesivamente alta que le impedía bajar para intentar caminar.

Hasta aquí todo bien, pues el problema comenzó una vez operado.

Estando en recuperación, comenzaron a pasar las horas y ningún médico acudía a revisarlo.

Solo estaba bajo observación de dos enfermeras que le cambiaban el suero.

Al día siguiente esperaba que algún médico acudiera a revisarlo e informarle sobre su cirugía, si fue abierta o por laparoscopia como le habían dicho en un principio.

Hasta entonces, no sabía si le habían quitado la vesícula, el apéndice o intervenido el colon.

Debido a su problema de diabetes que se le comenzaba a complicar por falta de alimentos y tras más de una semana de estar con puro suero, comenzó a desesperarse, pues además comenzaban a salirle llagas en los glúteos por estar acostado.

Fue entonces que su esposa Martha tomó valor para solicitar su alta voluntaria, sin saber que sería un verdadero sacrificio poder cumplir con el protocolo.

Para empezar, no había médicos disponibles responsables de firmar el acta. El único que encontró le dijo que no podía porque no sabía su caso.

Recorrió todo el hospital preguntando a enfermeras y encargadas de módulos de atención ciudadana, pero nadie le decía nada, solo le advertían que, si lo sacaba, era bajo su propio riesgo y que ya no lo recibirían de vuelta si se complicaba.

“Parecía que estaba en un hospital de locos. Nadie sabía nada. Nadie me informaba nada. No había ningún médico dispuesto a firmar el alta”, comentó.

La mujer se enfureció ante el desgano de los empleados y decidió sacarlo a la fuerza.

Fue entonces que un grupo de personal médico se acercó para firmar el alta.

“No me dejaban sacarlo, me decían que la cirugía fue riesgosa, pero qué caso tenía dejarlo ahí si nadie lo atendía. Se estaba complicando de otra cosa. En un desorden total. Falta mucha organización y, sobre todo, mucha sensibilidad y preparación de empleados para atender a los pacientes, no se diga de las encargadas de módulos de atención. Me llegaron a preguntar dónde estaban algunas áreas porque ellos no sabían. Es muy doloroso ver sufrir a los pacientes con empleados como estos. Si no tienen vocación de servir o ya están cansados, deberían tener el valor de renunciar y dejar el puesto a otras personas que verdaderamente quieran trabajar”, dijo la denunciante.

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