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Rosarito

Entrega CANIRAC reconocimiento a Silvia Utley Vocación por el servicio en la industria gastronómica

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Por Juan Pablo Sebastián

Carácter y disciplina son dos virtudes que distinguen a Silvia Utley García en su trayectoria de 41 años como mesera en el restaurante Azteca del Hotel Rosarito.

En el marco de la cuarta edición del Galardón Gastronómico 2025, la CANIRAC le entregó un galardón de reconocimiento a su trayectoria al servicio de la industria gastronómica.

Detrás de este galardón hay un largo proceso de formación en el servicio gastronómico, un esfuerzo admirable de superación y vocación con carácter y disciplina, que le ha valido para mantenerse en un oficio hasta hace algunos años dominado por hombres.

Esa es precisamente la aportación que deja Silvia Utley García a la industria gastronómica rosaritense: la vocación de servir y la disciplina forjada en una trayectoria.

Fue el restaurante Azteca del Hotel Rosarito, en aquel entonces dirigido por Hugo Eduardo Torres Chabert, la empresa que le dio la oportunidad de incursionar en su vocación.

“Yo desde niña siempre quise ser mesera, porque me gustaba mucho servir las mesas. Cuando nos venimos con mi esposo en Rosarito, yo le dije que quería trabajar en el Hotel Rosarito.

Yo no conocía al señor Hugo Torres en persona, pero mi esposo trabajaba con él.  Me dijo no, ahí no porque hay un sindicato y muchos problemas. Le dije no importa, yo quiero ir a trabajar a ese hotel. 

Cuando llegamos con mi esposo, el señor Hugo Torres estaba como delegado y tenía su oficina donde antes era la comandancia de la zona centro. Llegué con su secretaria y le dije señorita vengo a buscar al señor Hugo Torres. Me preguntó si tenía cita. En eso estaba cuando veo al señor Torres pararse en la puerta de su oficina y me dice: 

¿Qué necesitas muchacha? 

Ando buscando al señor Torres, contesté. 

“Yo soy” ¿En qué te puedo ayudar?, me dijo. 

“Ando buscando trabajo señor”, le dije.

“Entonces me pasó a su oficina”, narró la reconocida Capitana de meseros y meseras.

Estando en su oficina, la conversación se convirtió en un desafío por la palabra empeñada y la vocación de Silvia, insistente para convencer al señor Hugo Torres de sus ganas de trabajar como mesera en el restaurante Azteca del Hotel Rosarito, no sin antes ser advertida de los desafíos para una mujer ejerciendo un oficio de hombres.

¿Y de qué quieres trabajar?, me preguntó. 

“Quiero ser mesera”, le contesté. 

“Uy no, aquí no ocupamos meseras mujeres, son puros hombres, no se contratan mujeres. Además, aquí hay un sindicato. Pero, puedes entrar de cajera”, me propuso.

“No señor, porque a mí no me gusta manejar dinero”, le dije.

¿De hostess puedes trabajar?, me dijo.

“No señor. Yo quiero ser mesera. Deme la oportunidad de ser mesera” le dije.

“Qué testaruda eres”, me dijo.

Finalmente, Silvia aceptó la proposición de trabajar de hostess, pero solo por tres días a la semana, mientras encontraba trabajo de mesera en algún otro restaurante.

¿Pero vas a poder? Me preguntó el señor Torres.

“Claro que voy a poder”, le contesté.

Sus primeros días fueron muy pesados para ella, como para cualquier mujer tratando de salir adelante en un ambiente de hombres.

“El primer día me hicieron llorar los meseros. Aguanté ese día que fue un viernes. Me hicieron llorar otra vez al siguiente día, así que agarré mi bolsa que tenía con la cajera María del Refugio, a quien le decíamos “Vani”, y le dije: ¿Sabes qué? Ya me voy.  Ya no aguanto esto”, narró al recordar sus primeras jornadas difíciles.

“En eso iba saliendo cuando el señor Torres venía entrando y me preguntó ¿A dónde vas? Le dije ya me voy, ya no aguanto. 

Entonces él me contestó: “Me dijiste que tú podías. ¿Por qué lloras? No señorita, usted dijo que podía y va a poder. Me quitó la bolsa del hombro y me llevó al restaurante diciéndome: usted puede”, recordó al borde de las lágrimas.

Su vocación y disciplina fueron la clave para que, en corto tiempo, Silvia comenzara a destacar en el servicio a clientes del restaurante Azteca. 

Pasó el tiempo trabajando solamente tres días a la semana y cuando ya se incorporó a trabajar la semana completa, sucedió algo que cambiaría su posición en la empresa.

“Se vino una amenaza de huelga del sindicato. Le avisé al señor Torres que estaban poniendo unas carpas y resultó que los meseros no querían “palomas” aquí. A mí me decían La Paloma, que se les dice a las personas que reportan lo malo que ven. Si veía a alguien fumando o sacando alimentos sin permiso. En aquel entonces los capitanes y cocineros eran del sindicato, y pues yo los reportaba y por eso no me querían, y hasta la fecha.

Fueron tantas las cosas que me hicieron que un día el señor Torres, dijo a partir de ahora vas a ser capitana. Fue cuando el señor Torres andaba en la lucha para que Rosarito fuera municipio”, narró Silvia.

De ahí en adelante, Silvia Utley García cimentó una larga trayectoria en el restaurante Azteca, movida por su gran pasión nata pero también con la confianza que Hugo Eduardo Torres Chabert depositó en ella.

“Él me dio muchos consejos y me enseñó a superar los obstáculos.  Me siento muy bendecida por haber llegado aquí.  Pasaron los años y no me iba. Me fui quedando porque hago lo que me gusta y aquí estoy gracias a Dios”, expuso.

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