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Cuestionan falta de tacto y diálogo hacia la ciudadanía

Homologar los criterios de bienestar animal y sobre todo dialogar con la ciudadanía que son los que realmente han estado acompañando el proyecto de Control Animal, ha sido una sugerencia de Frank Ortiz Gonzalez, director del litigio estratégico de Animalistas México, quien respaldó la labor que ha realizado el Voluntariado Rosarito y la asociación civil Huellitas Enjambre.

El reconocido abogado animalista precisó que históricamente los propios ayuntamientos se han recargado de la sociedad civil para solventar el tema del maltrato de animales, pues de antemano se sabe que “no hay presupuesto, que no hay condiciones, para poder tener a los animales…”, indicó, resaltando la labor que han realizado el Voluntariado Rosarito a través de actividades para restaurar y construir  jaulas, con fondeos de la sociedad civil, además de haber iniciado los paseos de los perros con el fin de ponerlos en adopción.

“Creo que no debemos de ser consecuentes con un olvido institucional con un olvido constante”, señaló luego de recordar que hace dos años, personal del Ayuntamiento se fue de vacaciones en Semana Santa dejando en el abandono a los perros en resguardo de la perrera, lo que provocó que los animales estuvieran sin alimento, agua y caminando entre sus propias heces, hecho que fue denunciado y atendido por las animalistas.

Reconoció que el tema principal es el bienestar de los animales dentro de la perrera, por lo que no es justo jugar con el activismo. “Cuando se trata de decisiones tomadas desde el desconocimiento y desde una situación personal no se afecta solamente a ellos que han estado todos los fines de semana paseando animales y atendiendolos en cuestión médica, sino son los animales los que resienten porque sabemos que no hay presupuesto ni condiciones para atender a los animales…”.

Señaló que el activismo organizado de manera pacífica, congruente y consciente ha expuesto las irregularidades que se han registrado en la perrera con el fin de ponderar el bienestar de los animales.

Indicó que los animales tienen un reconocimiento institucional lo que implica que los ayuntamientos actualicen y apliquen reglamentos, “que no solamente puedan estar hablando y recargarse en la sociedad civil, sino que ellos, desde la política pública, empiecen una reflexión”.

Por su parte, el presidente y director de la organización Tierra Colectiva Ciudadanía, Gobernanza y Medio Ambiente, Francisco Javier Martínez Mendoza, señaló cuando existen diferencias entre una autoridad y una organización de la sociedad civil, el objetivo no debería ser ganar una discusión pública, sino garantizar que los animales reciban la mejor atención posible y que la ciudadanía conserve la confianza en las instituciones y en quienes participan como voluntarios.

“Si existieron irregularidades en la atención de los animales, estas deben investigarse con evidencia, procedimientos claros y absoluto respeto al debido proceso. Del mismo modo, si se difundieron imágenes o información que no correspondían a los hechos, también es importante aclararlo, porque en temas tan sensibles la información debe ser precisa, verificable y responsable”.

La protección animal no puede construirse sobre la descalificación permanente, precisó. “Los gobiernos tienen la obligación de actuar con transparencia, apertura y rendición de cuentas. Las organizaciones de la sociedad civil, por su parte, son aliadas fundamentales y también tienen la responsabilidad de comunicar con rigor, actuar con responsabilidad y privilegiar siempre el interés superior del bienestar animal”.

“Ojalá este episodio sirva para fortalecer la colaboración entre autoridades y sociedad civil, establecer mecanismos claros de supervisión y construir una relación basada en la confianza, el respeto mutuo y el diálogo permanente. Más allá del conflicto concreto, considero que el principal desafío es institucional. La protección y el bienestar animal no pueden depender únicamente de la buena voluntad de funcionarios, voluntarios o asociaciones civiles”. 

Indicó que se requiere de una política pública sólida, una estructura administrativa con responsabilidades claramente definidas, presupuesto suficiente, personal capacitado y mecanismos permanentes de coordinación con la ciudadanía.

También consideró indispensable que el Centro de Control Animal cuente con manuales de operación y protocolos públicos que establezcan con claridad los criterios para la participación del voluntariado, la atención veterinaria, el manejo de emergencias, los procesos de adopción, la administración de medicamentos, los registros clínicos, los mecanismos de supervisión y los procedimientos para resolver controversias. “Cuando las reglas son claras, conocidas por todos y se aplican de manera consistente, disminuyen los conflictos y aumenta la confianza ciudadana”.

Del mismo modo, consideró que es importante revisar el diseño institucional del área responsable del bienestar animal. “La ubicación administrativa, la suficiencia presupuestal, la distribución de competencias, los perfiles técnicos del personal y la existencia de instrumentos normativos claros influyen directamente en la capacidad del gobierno para brindar una atención eficaz y sostenible”. Remarcó que fortalecer estos elementos significa construir una política pública que trascienda a las administraciones y no dependa de las personas que circunstancialmente ocupan un cargo o participan como voluntarias.

“Las instituciones más fuertes no son las que nunca enfrentan diferencias, sino aquellas que cuentan con reglas claras para resolverlas con transparencia, diálogo y rendición de cuentas. El bienestar animal debe dejar de depender de acuerdos personales o de circunstancias coyunturales para consolidarse como una política pública permanente, con presupuesto, procedimientos, evaluación y mejora continua”.

Al final, lo verdaderamente importante no es quién gana esta disputa, resaltó. “Lo importante es que ningún animal resulte perjudicado y que Rosarito salga de este episodio con mejores instituciones, mejores mecanismos de colaboración y una cultura más sólida de respeto hacia los seres sintientes”.

Los animales no entienden de conflictos entre personas ni de diferencias entre instituciones. Lo único que necesitan es cuidado, protección y responsabilidad. Si el debate deja de ponerlos en el centro, entonces todos habremos perdido de vista lo verdaderamente importante.

Redacción

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