Por Juan Pablo Sebastián
Una amarga experiencia es la que vivieron dos comerciantes rosaritenses de antaño con el cateo de sus negocios realizado por elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional, la Policía Estatal y la Fiscalía General del Estado.
Aunque ambos salieron bien librados y sin cuentas pendientes con la justicia, la aparatosa diligencia federal les dejó sentimientos de intimidación, miedo e impotencia, por la forma en que procedieron las autoridades policiacas, violando sus derechos humanos.
La familia de Adolfo Tejeda, reconocido rotario y comerciante de vidrio, fue una de las afectadas por esta aparatosa diligencia realizada la semana pasada en su negocio (vidriera) ubicado en la colonia Lucio Blanco.
Después de tres días de mantener “sitiado” este y dos negocios contiguos, finalmente la noche del jueves 4 de mayo las autoridades policiacas lograron las órdenes de cateo que les permitió ejecutar la diligencia e ingresar a catear los tres negocios.
Desde que llegaron a sitiar los negocios aun sin las órdenes de cateo, las unidades policiacas se apostaron sobre la vía pública, vigilando los movimientos de los negocios, incluyendo la vidriera de Adolfo Tejeda que tiene operando más de 30 años.
Les permitieron continuar operando pero bajo una estricta supervisión de las entradas y salidas del personal y proveedores.
De los tres establecimientos bajo la mira, solo la vidriera y el taller de mantenimiento automotriz estuvieron operando.
El tercer negocio de camiones de mudanza permaneció cerrado desde un principio, pues ningún trabajador ni representante se apersonó para enfrentar la diligencia.
“Llegaron sin ninguna orden y nos estuvieron supervisando nuestros movimientos durante varios días. Nos revisaban físicamente a mí, a mi esposa, a mis hijas, a mis proveedores, a los vehículos…Nos cortaron la línea telefónica, los candados…
Me pareció que el procedimiento no fue correcto contra nosotros que llevamos muchos años trabajando en la legalidad. ¿Si van por un negocio por qué tienen que afectar a otros? Cooperamos en todo momento con ellos pero sentimos intimidación, al estarnos revisando cada vez que entrabamos y salíamos”, comentó Adolfo Tejeda.
Finalmente, el resultado del cateo dejó su negocio y el de su vecino mecánico libre de sospechas, pues se confirmó que trabajan en la legalidad.
Sin embargo, el otro vecino incomodo a quien no conoce, resultó con cuentas pendientes, pues el negocio de mudanzas que permaneció solitario desde la llegada de las corporaciones policiacas, fue asegurado y varios camiones quedaron bajo resguardo de la FGR.
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