Hace diez años el huachicol era una manguera enterrada en un ducto de Pemex en Puebla o Guanajuato. Hoy es una nave con tanques de 80 mil litros, con facturas falsas, con pipas que entran de día y salen de noche. Y ya no está lejos. Está en el corredor Tijuana-Tecate-Ensenada, con Rosarito en el centro.
Lo que antes era ordeña directa ahora es refinación clandestina.
El salto es así: los grupos dejaron de conformarse con picar el ducto. Ahora roban crudo, lo mezclan, lo destilan y lo convierten en diésel y gasolina de baja calidad en patios industriales. En los últimos operativos federales desmantelados en San Luis Potosí, Hidalgo y Morelos se encontró el nuevo modelo: naves con torres de destilación hechizas, contenedores de mil litros, generadores y pipas escoltadas. Ese mismo modelo ya fue detectado en Baja California.
¿Por qué Rosarito?
Porque Rosarito lo tiene todo para el nuevo huachicol.
En 2025, Baja California triplicó sus carpetas de investigación por delitos en materia de hidrocarburos. Pasó de 170 a 529 denuncias en un año, según el reporte nacional. La ruta señalada por las autoridades es clara: Tijuana-Tecate-Ensenada, con Rosarito como punto de acopio y redistribución.
Ya no operan solo con una válvula. Operan con tres negocios a la vez:
El físico: la toma clandestina en el poliducto Rosarito-Mexicali. Se perfora cada hora a nivel nacional, según Pemex. Aquí las tomas se detectan en zonas de terracería entre Primo Tapia y el Florido.
El fiscal: importar diésel barato de Texas, declararlo como otra cosa en la aduana y venderlo con factura de comercializadora legal. El crudo robado en México, incluso, se va a refinar a Texas y regresa blanqueado por la aduana. El ciclo completo.
La refinería clon: en una bodega sin rótulo se instala una mini-refinería. Llega crudo robado y combustóleo, se calienta, se separa y se produce un diésel artesanal. De ahí sale en pipas blancas, sin logo, que abastecen a flotillas, obras y hasta estaciones que lo compran a mitad de precio. Un litro que en la bomba cuesta 26 pesos, en el mercado negro se coloca a 14.
El negocio ya no deja 42 millones de pesos al día en pérdidas para Pemex, como se calcula a nivel nacional.
Deja algo más peligroso en Rosarito: suelos contaminados, vapores cancerígenos, riesgo de explosión en zonas habitacionales y una violencia que ya no es por la manguera, sino por el control de la factura y la ruta.
Antes peleaban por el ducto. Hoy pelean la bodega, el permiso de la comercializadora y al transportista. Por eso el mapa del huachicol ya no es solo el Triángulo Rojo de Puebla. Es también el triángulo Rosarito-Tecate-Tijuana.
Y mientras la autoridad sigue buscando la perforación en el tubo, el combustible ya no pasa por el tubo. Pasa por la bodega de dos calles, con portón blanco y olor a solvente.
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