Por Juan Pablo Sebastián
De un lado está la peligrosa zona de invasiones de la Plaza San Fernando. Del otro lado se encuentra la también abandonada plaza comercial Quinta Plaza.
En la primera se observan precarias casas de madera habitadas en su mayoría por viciosos.
En la otra abundan los locales comerciales abandonados.
Unos cuantos comercios de botánicas y estéticas en el exterior son los que permanecen aún en pie, soportando los embates de cuanto vicioso merodea la plaza.
Los locales del interior de la plaza y del segundo piso se encuentran “vandalizados” y lucen tenebrosos.
Para muchos comerciantes es increíble creer que a unos pasos de la vialidad principal de Rosarito, se encuentre una plaza comercial totalmente destruida y convertida en casa de delincuentes.
Hay botes repletos de basura por todos lados, excremento, olor a orines, ventanas y puertas rotas, retazos de tela y ropa sucia, jeringas y hasta platos de comida echada a perder.
En un rincón aparece un joven perdido en las drogas, quien lejos de inmutarse ante la presencia de la cámara, toma una actitud a la defensiva.
Algunos locatarios aseguran que tan pronto comienza a oscurecer, en el segundo piso se escucha tanto ruido extraño, que produce miedo a todos los que están en los negocios que aún permanecen en el lugar.
Locatarios pidieron a las autoridades policíacas realizar constantemente visitas al interior de este inmueble para limpiarlo de los viciosos que lo han convertido en su morada.
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