Además de la carga fiscal y la nómina, los restaurantes también tienen que lidiar con las rigurosas y excesivas supervisiones de PROFECO.
En las últimas fechas se ha desatado lo que para algunos restauranteros pareciera una “cacería”.
Inspectores llegan a los establecimientos a revisar presuntas denuncias de clientes por incluir en las cuentas el cobro de la propina y/o por precios excesivos de los platillos.
El problema se da cuando no encuentran a los propietarios o representantes legales y son los empleados quienes salen a recibirlos y les informan que no están facultados para atender este tipo de diligencias.
En ocasiones, esta postura es considerada por los inspectores como una negativa de acceder a la supervisión, imponiendo a los comercios multas que han llegado a los 30 mil pesos.
Los restauranteros, quienes pidieron mantenerse en el anonimato por temor a represalias, lamentaron que empleados de PROFECO no tengan el criterio para comprender que muchos propietarios o representantes de los negocios no están disponibles todo el tiempo y en ocasiones tienen otros quehaceres fuera del establecimiento.
Consideraron incongruente que la PROFECO exija una respuesta inmediata a las supervisiones y en cambio no atienda con la misma prontitud las quejas ciudadanas por verdaderos abusos en los comercios.
No dejaron de insistir en la necesidad de instalar un módulo de PROFECO en Rosarito, como el que ya operó exitosamente hace algunos años en Palacio Municipal, pues de esta manera tendrían un contacto más cercano con los consumidores rosaritenses y estos no tendrían que trasladarse hasta Tijuana a poner sus quejas.
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